No esperen resultados diferentes.

La muerte es un episodio inherente del camino de la vida, lo trágico de morir por causa de un siniestro vial, es que es una muerte evitable, siempre y cuando minimicemos y evitemos los motivos que los precipitan. Estos factores de riesgo están bien reconocidos y son predecibles.

El factor humano, causante de entre el 70 y el 90 % de los siniestros viales, el factor vía y su entorno, entre el 10 y el 35 %, y el factor vehículo, entre el 4 y el 13 %. Pero, ¿realmente se están aplicando medidas correctas para minimizar y evitar los factores de riesgo? Pues a juzgar por los resultados, parece ser que muy correctas no son.

Los protagonistas que nos dedicamos a la mejora de la seguridad vial debatimos y avivamos la llama constantemente sobre este tema. Desgraciadamente en lo que se refiere al resto de la sociedad, ese fuego se ve alimentado dependiendo en la mayoría de los casos de las noticias sobre las víctimas producidas por los siniestros viales y, sobre todo, como últimamente ha ocurrido, si la víctima es una persona famosa o es un joven con un vehículo exclusivo.

Cualquiera que analice los porcentajes de los factores de riesgo causantes de los siniestros viales diría que, minimizando el factor humano, tendríamos mucho ganado a la hora de conseguir un beneficio común para toda la ciudadanía. Pecaría de necio el que niegue esta evidencia.

Las vías y los vehículos se mejoran persistentemente, pero ¿y a sus usuarios, se les mejora de la misma manera? Pues la respuesta es no. Y es una contradicción dadas las convicciones que nos dan los factores de riesgo.

Educar y formar vialmente a todos/as los usuarios/as de los vehículos y las vías públicas es la solución a la sangría que produce la siniestralidad Vial.

Si el Australopithecus conviviera con nosotros, él sería el 100 % de factor de riesgo, ya que carecería de aptitudes, habilidades y actitudes emocionales a la hora de afrontar la convivencia vial.

La evolución, la mejora y la transmisión constante de conocimientos nos diferencian, a mejor, con nuestros antepasados. Bueno, eso quiero pensar.

Constancia. La Educación y la Formación son procesos que no terminan nunca. Éstas no se pueden limitar únicamente a la transmisión de conocimientos y a la práctica de habilidades y destrezas. Inspirar, concienciar, sensibilizar, motivar, emocionar, evaluar, para educar, formar, enseñar, aprender, crear, cambiar, crecer, prevenir, mejorar es también importantísimo, dificilísimo y ÚNICA manera de revertir la actual situación en que se encuentra la seguridad vial.

El Valor de una persona = ( Conocimientos + Habilidades ) x Actitud. V = ( C + H ) x A.

Pero desarrollar correctamente esta compleja fórmula, que nos permitirá conseguir conductores y usuarios de las vías públicas seguros, eficaces y eficientes, es necesario que no se haga de cualquier manera, ni por cualquiera. Es preciso implantar urgentemente unas estrategias y unos docentes que las lleven a cabo de forma Integral. Nos tenemos que ayudar de todas las nuevas tecnologías, pero la interacción presencial entre alumno y docente es VITAL.

Las enseñanzas que se imparten y los aprendizajes que se reciben tienen en sus manos la vida de los demás y la vida propia. Es un asunto muy serio y no es un juego, y menos un juego de azar.

Cursos íntegros obligatorios, presenciales, programados, regulados, inspeccionados y evaluados para todos los usuarios de las vías públicas, tanto en su educación como en su formación vial en todas sus fases: Inicial, continua y final. Impartidos por personal docente y evaluador íntegro y titulado. Unas evaluaciones sin límites, constantes, y siempre dentro del servicio público. Todas las herramientas posibles. Ninguna traba.

Y están equivocados si creen que la integridad se consigue con medidas como proponer ÚNICAMENTE ocho horas de clases teóricas obligatorias.

Sean valientes, actúen de forma legítima y veraz ante las graves consecuencias que conlleva PARA TODOS una seguridad vial deficiente.

Prioricen los intereses públicos de todos por delante de los intereses particulares de unos pocos.

Si seguimos haciendo lo mismo, impartiendo la educación vial esporádicamente, si los aspirantes a conductores siguen decidiendo sobre su formación vial, si la realización de las evaluaciones continúan condicionadas, si la docencia vial sigue impartida y evaluada por personal docente/evaluador no titulado y si siguen intentando concienciar y sensibilizar a los usuarios de las vías públicas a través de campañas publicitarias o de las redes sociales, no esperen resultados diferentes.

Dionisio Almendros Belmonte.

Profesor y Director de Formación Vial.

Delegado de ProVial por Albacete y Castilla – La Mancha.

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